por Soel Rodas Calderón
La belleza y los vivos colores del traje guatemalteco maravillan desde la primera mirada. Vistos desde el exterior, se podría pensar que aquellos tejidos mayas son la expresión de un pueblo que vive en harmonía y felicidad en el altiplano de Guatemala. Pero atención! Se sorprendería usted al saber que desde cinco siglos los mayas viven en la miseria, la opresión y la injusticia. Aquella belleza existe aún en medio de condiciones tan hostiles gracias a un instinto de sobrevivencia que no ha podido ser doblegado. El traje es parte de la identidad de los mayas y contribuye a simbolizar su presencia.
La afirmación de la identidad maya es un fenómeno relativamente reciente en la sociedad guatemalteca. Ello implica una revalorización de su cultura ya sea a nivel del lenguaje, del traje o cualquier otra manifestación cultural que les pertenezca. Aquella afirmación provoca cierta incomodidad en el seno de la clase política e intelectual del país. La primera tiende a menudo a ver en el traje maya una manifestación exótica y monumental, de preferencia asociada con la época prehispánica. Aquella clase manifiesta comunmente sentimientos de aversión o indiferencia hacia los mayas contemporáneos. Gran parte de la clase intelectual tiene un acercamiento paternalista hacia los mayas, reduciéndolos a meros objetos de investigación sin posibilidad de tener voz propia o de ser actores del cambio en su propio entorno. De tal manera, la percepción del traje maya en las ciencias sociales puede ser dividida en dos corrientes: por un lado están los investigadores que tienden a explicar la realidad maya a partir de estructuras sociales de producción a nivel nacional.
Entre aquellos autores encontramos a Severo Martínez Peláez, para quien "hay que partir del hecho que aquellos trajes no fueron ni pueden ser de origen prehispánico". Para aquel autor, el indio maya es un producto de la colonización española que afianzó su poder sobre el indígena a través de la destrucción de todas sus infraestructuras sociales. Severo Martínez duda así que el traje maya de hoy en día refleje su identidad cultural. Refiriéndose a los textiles mayas, él cree que son la expresión de una mentalidad arcaica y atrasada, aún "donde otros ven antiguedad venerable y autenticidad mal entendida". El autor ve así "supersticiones y mentalidad mágica derivadas de la ignorancia, donde otros ven esotrismo y falsa espiritualidad".
Por otro lado, encontramos a investigadores como Carlos Guzmán & Bockler y Jean-Loup Herbert, para los cuales el traje forma parte de la cultura maya. Aquellos autores sitúan a las mujeres mayas en el centro de la producción del traje. Para ellos el traje no tiene sólo un sentido utilitario, sino que también es el producto de un gran ingenio artístico que expresa el sentido filosófico y religioso de la cultura maya.
"... las mujeres indígenas guatemaltecas siguen expresando, con prodigiosa autenticidad y fidelidad, la profunda filosofía esotérica de la Serpiente en los diseños de sus tejidos, eso a pesar de la represión que ejercieron los encomenderos que querían usar el vestido como una especie de uniforme que les permitiera reconocer a las personas que estaban bajo su policía".
Independientemente de la percepción de la clase política guatemalteca y del debate en las ciencias sociales, lo esencial es que el traje forma parte de la identidad cultural maya. Se debe dejar de considerarlo como una abstracción cultural relegada al pasado.
Es probable que ciertos elementos simbólicos de aquellos trajes sean producto de un sincretismo religioso y cultural. Sin embargo, la cosmovisión maya se encuentra aún en la finura de sus bordados, los símbolos y la presencia de sus colores, reflejando las profundidades de una riqueza cultural milenaria.